PROCESIONARIA



¡Alerta!  Tiempo de procesionaria
 
Estos días, entre las ramas de los pinos se pueden observar una especie de sacos blancos hechos de un tejido sedoso. Dentro de ellos, se esconden hasta 200 orugas de procesionaria, también conocidas como ‘orugas del pino’.
 
Cuando empieza a aproximarse la primavera, las temperaturas se suavizan y las orugas de procesionaria se preparan para su fase final de desarrollo: la última muda antes de convertirse en crisálida y luego en mariposa. Para ello deben dejar su ‘nido’ protector situado en lo alto de los pinos y bajar hasta el suelo para encontrar un lugar en el que enterrarse y terminar su desarrollo.
 
En este momento es cuando nuestros curiosos perros pueden cruzarse en su camino y sufrir un inoportuno contacto.
 
La acción urticante de las orugas
 
Las orugas de procesionaria están recubiertas de unos finos pelitos que contienen una sustancia urticante. Cuando un perro, curioso e impetuoso, detecta un grupo de orugas, lo primero que hace es aproximar su hocico para oler, lamer y saber qué es aquella fila de pequeños gusanillos que se desplazan por el suelo.
 
Cuando se produce el contacto con la oruga, ésta desprende sus pelitos que se clavan en la piel o la mucosa del perro, en zonas ya de por sí poco protegidas, como son la lengua, los labios, la trufa y las zonas de alrededor de boca y nariz, incluso a veces los ojos.
 
Como hemos comentado, los pelitos de la procesionaria contienen una toxina urticante que provoca una reacción inflamatoria aguda. Su gravedad dependerá de la cantidad de orugas que hayan contactado con el perro y del tamaño de la zona afectada, pero sobre todo, del tiempo que tardemos en establecer un tratamiento adecuado.
 
Lesiones que pueden ser muy graves
 
En un inicio, el contacto con las orugas produce hinchazón, enrojecimiento, tumefacción y dolor. El perro se muestra agitado, nervioso y respira de forma acelerada por el dolor. Es frecuente que le veamos restregar la cara por el suelo o entre nuestras piernas, y llevarse las patitas al hocico para rascarse.
 
Si la inflamación evoluciona sin control puede desencadenar un cuadro más grave. Las pequeñas zonas enrojecidas se agrandan, se producen úlceras profundas e incluso necrosis de los tejidos. Si la localización de la lesión es la base de la lengua o la garganta, se puede ver comprometida la deglución (veremos perros que producen mucha saliva) o incluso la respiración.
 
Así, el tiempo de reacción es importantísimo para evitar que las lesiones se desarrollen de forma descontrolada y generen secuelas importantes.
 
 
¿Cómo debemos actuar?
 
Lo primero que debemos hacer es mojar la zona afectada con agua tibia. El calor inactiva la toxina de las orugas limitando su efecto inflamatorio. Nunca debemos frotar la zona afectada intentando limpiarla ya que los pelitos de las orugas se romperán aumentando la liberación de sustancias irritantes e incrementando la  inflamación.
 
Debemos acudir al veterinario cuanto antes.
 
Según la zona afectada y el estado del perro es posible que tu veterinario te recomiende incluso dejarlo en observación durante unas horas.
 
¿Podemos prevenirlo?
 
Lo más importante es estar alerta cuando vayamos a pasear a nuestros canes en zonas con pinos, tanto en el monte como en la ciudad. No debemos dejar que el perro ande suelto sin control, sobre todo entre finales de febrero y abril en zonas afectadas por procesionaria.
 
Además, si en casa tenemos un jardín con pinos, es conveniente realizar al can un tratamiento preventivo para evitar que las orugas aniden en él.